20 Sep · Amparo Ibañez · No Comments

El proceso de aprendizaje de la lectura

El aprendizaje de la lectura no es una tarea fácil, a los niños muchas veces les supone un gran esfuerzo y en ocasiones su nivel de desarrollo madurativo no está preparado para emprender esta árdua tarea en la que intervienen procesos perceptivos, el pensamiento y la memoria.

Todos compartimos la idea de que saber leer es de suma importancia, ya que la lectura es  la llave que abre la puerta del conocimiento y más aún en el ámbito escolar es la base de todo aprendizaje. Pero cabe señalar que leer no es fonetizar, es decir,  poner sonido a una serie de símbolos escritos de forma mecánica, la esencia de la lectura es la comprensión y toma de conciencia del significado y aquí es donde reside el éxito  del profesional de la educación que se embarque en la tarea de enseñar a leer, poniendo en práctica estrategias de motivación hacia la lectura y fomentando la pasión por la misma.

 Existen diferentes métodos para enseñar a los niños a leer, el más utilizado en las aulas y en los libros escolares es el denominado  Sintético. Este método parte de la unidad mínima, la letra, sílabas..  hasta llegar a unidades mayores como las palabras y oraciones. Se fundamenta en la memorización y descifrado de letras y sonidos,  que para los niños representan algo abstracto, ya que por sí solos no significan nada, con lo cual les  resulta poco estimulante y motivador. El método Sintético puede utilizar tres fórmulas de aprendizaje, Alfabética, Silábica y Fonética (aprendizaje del sonido de las letras).

Por otro lado encontramos el método Analítico, que se fundamenta en el Sincretismo según el cual el niño hasta los 6/7 años  percibe mejor las totalidades que las partes, su visión es de conjunto y luego vendrán las partes. Así pues al poner en marcha este método  presentamos al niño la palabra escrita, para posteriormente en otra fase pasar al análisis de sus componentes mínimos.

Por último  el método  Mixto  combina los anteriores Analítico y Sintético de acuerdo con el desarrollo de cada niño, de sus características propias y de sus necesidades.

En la práctica se debe optar por un método que recoja lo mejor de los anteriores. Una buena idea es partir de una experiencia próxima al niño, algo que conozca o haya vivido recientemente, o simplemente le interese mucho, hablar  de forma sencilla sobre ello, como si contáramos un cuento en el cual hay unos personajes y un hilo conductor. Se pueden seleccionar previamente una serie de palabras que van a ir apareciendo de forma constante en dicha narración, estas palabras las tendremos escritas en cartulinas grandes que pegaremos en un tablero con masilla adhesiva, de forma que podamos moverlas por el mismo y  además con el apoyo visual de la imagen, de forma que el niño las nombre en voz alta.  Poco a poco iremos incrementando el número de palabras, siempre progresivamente y teniendo en cuenta las habilidades del niño.  El niño memoriza la palabra en su totalidad, el apoyo visual le ayuda y percibe dos cosas, el significado y en consecuencia  que sabe leer. Poco a poco,  estas palabras se van integrando en un contexto que aporta determinado significado.

 Para el niño es más fácil aprender palabras que tienen un significado, ya que   al ver la palabra con el apoyo de la imagen su cerebro procesa la información en décimas de segundo,  mientras que si debe ir juntando las letras y  estas a su vez con sonidos,  para cuando llegue a la palabra estará agotado por los esfuerzos realizados y su interés habrá mermado considerablemente.

Con la práctica anterior el niño se va iniciando en la lectura. A  medida que vaya interiorizando  las  palabras, el apoyo visual de la imagen se debe ir retirando y añadiendo nexos de unión artículos, verbos …. siempre teniendo en cuenta el ritmo y evolución del niño. De esta forma pasaremos a construir otras oraciones cambiando el orden de las palabras o incluso intercambiando palabras de unas oraciones con otras de forma que construyamos frases nuevas. Este proceso deberá ir acompañado de forma complementaria con el  conocimiento de las letras, de su grafía y de sus sonidos para potenciar el reconocimiento directo de las palabras,  que con la experiencia va automatizándose y haciéndose poco a poco más funcional. 🙂

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